Límites

Tener autoridad sin ser autoritario, mantener rutinas, establecer reglas y lograr que se cumplan los límites, son claves para evitar que los niños se desarrollen inseguros caprichosos o tiranos.

Uno de los factores más importantes de las desviaciones en los niños es justamente la falta de autoridad, los escasos límites y quizá las nulas consecuencias.

En las últimas décadas, es conocido el alto número de casos de niños que acuden al psicólogo o al psiquiatra por razones de conducta, lo cual, en la mayoría de ellos, no es más que la falta de límites y consecuencias. Desafortunadamente, los adultos siempre creen que “hay algo más” y que necesitan de “alguien más” para ayudar en este proceso a sus hijos; muchas veces, esto se vuelve la forma más “fácil” y “rápida” de solucionar o de no hacerse responsable, ya que muchos de los padres, no han podido por múltiples razones, acompañar los procesos por los que pasan sus hijos. Entre estas razones se encuentra el poco tiempo que pasan con sus hijos, el poco tiempo que están en casa, el miedo que tienen a las reacciones de sus hijos porque no les gusta que se enojen o porque simplemente sienten que no están siendo buenos padres, y la bondad no es sinónimo de “haz lo que quieras o “ te doy lo que me pidas”.

A los padres les angustia mucho que los hijos se enojen o lloren, ahora vivimos la época de padres permisivos y de hijos tiranos, y creemos que los límites, los horarios, las rutinas, los deberes y las reglas pueden traumar al niño o limitarlos y truncar el buen proceso de su desarrollo.

Algunos padres desarrollan un sentimiento de culpa, se vuelven además de permisivos también compensadores y evitan los límites y las consecuencias, por lo tanto. la firmeza en las reglas, no existe.

La firmeza no es sinónimo de enojo, ser firme con los límites, horarios, acuerdos y las rutinas es simplemente hacer respetar las reglas y esto se traduce en amor y acompañamiento.

Los límites deben ser marcados objetivamente, sin emoción, cuando queremos poner un límite y lo hacemos enojados, con miedo o desde nuestro ego, lo que el niño esta percibiendo es una carga de energía con la cual se vuelve espejo, se enoja a la par del padre y por consecuencia el origen (el límite) no es percibido y el niño no alcanza a comprenderlo.

Un niño sin límites puede ser en apariencia feliz, pero con tendencia a manipular, a ser intolerante, a ser exigente; se frustra por no conseguir lo que quiere o desea, al punto de lastimarse o lastimar a los demás.

Cuando existen límites, le damos seguridad al niño y su autoestima se ve favorecida, los limites le muestran que existe una especial atención hacia él y esto le genera un estado de paz y armonía.

Los límites deben ser claros, concisos, y entendibles en la mente del niño. Lo ideal es que los límites estén preestablecidos para que el niño pueda comprenderlos y tenerlos claros ayudándolo a evolucionar

En la primer etapa de desarrollo el niño aun no es capaz de manejar su voluntad, ni de controlar sus acciones, esta aprendiendo a conocerse a sí mismo, por lo tanto debemos guiarle en su proceso de desarrollo, y una manera de hacerlo es comprender y encausar con límites el sano crecimiento de los niños.

Teresita Nava Bolaños.
Guía de comunidad infantil A



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